La juventud es especialmente sensible al impacto de los cambios sociales ya que éstos afectan directamente al desarrollo de su vida y autonomía. Hablar de depresión en jóvenes, es hablar de tristeza, de desánimo, de pérdida de autoestima y es hablar de suicidio que, según datos de la propia OMS, es la segunda causa de muerte entre las personas de 15 a 29 años, siendo en España la primera causa de muerte no natural en España al superar incluso a los accidentes de tráfico.

Desde Verdes Equo se lleva tiempo demandando que se preste atención a la salud mental del colectivo joven azotado por la crisis económica y presionado por las adversas condiciones de vida,  destacando la falta de conocimiento y de datos oficiales en nuestro país sobre salud mental, resaltar la especial susceptibilidad del colectivo joven ante este tipo de enfermedades y reclamar una nueva Estrategia Nacional de Salud Mental que actualice el análisis de la situación y las propuestas de actuación.

La pandemia de COVID-19 ha suscitado una enorme preocupación por la salud
mental de toda una generación de población infantil y juvenil. Pero puede que la pandemia sea
solamente la punta del iceberg de la salud mental, un iceberg que hemos pasado
por alto durante demasiado tiempo.

El 20,8% de la población adolescente española de 10 a 19 años sufre algún tipo de problema mental, lo que sitúa a España como el país europeo con mayor prevalencia de alguna de estas patologías diagnosticadas en menores, según el análisis europeo de la publicación de Unicef “Estado Mundial de la Infancia: En Mi Mente: Promover, proteger y cuidar la salud mental de la infancia ’.    https://www.unicef.es/sites/unicef.es/files/comunicacion/SOWC2021_ExecSum_SP_PRINT.pdf

Con el trasfondo de una mayor concienciación sobre los problemas de salud mental, con la necesidad de promover la salud mental y proteger a la población más vulnerable, que exigirá una inversión urgente, será necesario que las sociedades rompan el silencio que rodea a la salud mental, aborden el estigma, promuevan la comprensión y tomen en serio las experiencias de los niños y los jóvenes.

Dentro de los efectos que se han ido observando en la infancia, la pérdida de bienestar psíquico y emocional o, llegado el caso, tras la desesperanza, la aparición de trastornos mentales más establecidos han sido los más documentados, como han mostrado estudios como el publicado por el Colegio Oficial de la Psicología, donde se señalaba la necesidad de establecer un Plan de Apoyo centrado en el ámbito educativo y en el familiar para poder afrontar este fenómeno.

Son cinco intervenciones prioritarias clave para las instituciones europeas y los gobiernos nacionales:

1º Intervenciones de apoyo para facilitar a los grupos vulnerables el acceso a servicios de atención sanitaria de salud mental y mejorar las infraestructuras regionales.

2º Incluir el acceso a los servicios de salud mental en planes nacionales de acción, incluyendo las oportunidades que ofrecen las tecnologías digitales y ‘online’ para reducir la brecha en el acceso al apoyo a la salud mental.

3º Proporcionar en la escuela programas de concienciación y habilidades de ayuda emocional para los adolescentes, integrar los servicios de asesoramiento de salud mental, formar a los profesores y el personal, crear espacios seguros en los que los niños hablen y compartan.

4º Invertir recursos adecuados para formar a los trabajadores sociales y sanitarios en salud mental, para apoyar los servicios destinados a los niños migrantes.

5º Incorporar acciones específicas sobre bienestar psicosocial y salud mental en la ayuda oficial para el desarrollo dedicada al desarrollo humano, así como en los programas humanitarios para la preparación, respuesta y recuperación para abordar las necesidades de todas las poblaciones afectadas por emergencias, incluida la protección infantil durante las crisis humanitarias.

La falta de oportunidades de futuro para la juventud, los cambios sociales acelerados, la desigualdad y la emergencia de nuevos fenómenos como el ciberacoso, ya venían generando el caldo de cultivo para la crisis que observamos en la actualidad. En los últimos meses, y en consonancia con los datos publicados relativos al 2021, ha aumentado la preocupación por las cifras de suicidios e intentos de suicidio y las autolesiones en la población joven, y se ha señalado al ámbito educativo como un lugar desde el cual poder desarrollar estrategias para tratar de abordar este problema.

De todo ello hablaremos con:

HELENA VIDAL BRAZALES. Psicóloga social y mediadora familiar. Activista en Juventud Verde. Miembro de Verdes Equo Región de Murcia. Ha participado en diversos movimientos sociales como el Movimiento Crítico por la Psicología (McxP)

DIEGO FIGUERA ÁLVAREZ. Psiquiatra. Psicoterapeuta. Director del Hospital de Día de Salud Mental del Hospital Clínico San Carlos de Madrid.  Diputado de Más Madrid portavoz de Políticas de la Discapacidad. Vicepresidente de la Comisión de Sanidad de la Asamblea de Madrid. Responsable de las cuestiones de Salud Mental de Más Madrid y Más País.

ARIADNA SÁNCHEZ CABRERA. Psicóloga general sanitaria, ha colaborado en campañas de prevención del estigma de los problemas de salud mental en universitarixs y ha investigado en programas de prevención de violencia de género.

ALBERTO RICO TRIGO. Psicólogo educativo. Responsable socioeducativo en la compañía de artes escénicas e innovación social Kubbo. Activista frente a la crisis ecosocial en Extinction Rebellion.

RAÚL VALLES (Presidente) y JAIME MARTÍN (Vicepresidente) del Colectivo de Estudiantes de Psicología CEP-PIE

Enlace a la reunión virtual: https://www.youtube.com/watch?v=0StCsSOzrOs